Extrañando el hogar
Bueno.
Desde hace algunas semanas he estado atendiendo a una serie de consultas psicológicas aquí en la PUCP. Es un programa de acompañamiento para alumnos que están por primera vez lejos de casa, es decir, alumnos que vienen de provincia. Como yo :)
Apenas vi la convocatoria sabía que era lo que más iba a necesitar durante este periodo y no me equivoqué.
He descubierto algunas cosas sobre mí que no pude resolver ni con todo lo que yo creo conocer de mí misma.
El dique emocional
Durante la primera sesión hablé un poco sobre como me estaba yendo en clases, si tenía ya algunos amigos, un horario de clases, etc. Todo bien, respondí lo que había estado haciendo para organizarme, sobre los increíbles compañeros de clase que realmente han sido de muchísima ayuda y todo lo demás.
Luego, preguntó sobre algunos datos de mi familia que aparecían en la ficha de inscripción al programa. Y comencé a hablar sobre ellos. Papá, mamá, hermano.
Y, como viene pasando ya desde hace 4 años, al medio de todo mi discurso, comencé a llorar.
Hice lo que se ha vuelto una costumbre: asegurar a la otra persona que no me siento triste aunque no pueda parar de llorar. Y sigo así, llorando para poder seguir hablando y contando sinceramente sobre mis emociones, sobre mi familia, sobre mi hogar. Es una respuesta automática. Incluso ahora se me hace un nudo en la garganta.
La psicóloga que me acompaña escuchó todo lo que tenía que decir y concluyó en algo que, ahora que lo pienso, siempre estuvo en el fondo de mi mente.
Mi llanto son años de emociones reprimidas.
Están en un dique, llenas hasta el tope. Cualquier emoción puede hacerlas desbordar.
Y aún no estoy lista para ir más a fondo, pero estoy comenzando a dejarlas salir. Cuando se dé el caso.
Entonces, cada vez que tenga ganas de llorar inesperadamente por un pensamiento debo anotarlo. hasta el momento tengo esta lista:
- Nunca pensé que estando lejos de casa la extrañaría tanto.
- Mi papá y mamá ya van a poder vivir juntos.
Iré añadiendo más conforme avance.
Hasta la próxima.
Desde hace algunas semanas he estado atendiendo a una serie de consultas psicológicas aquí en la PUCP. Es un programa de acompañamiento para alumnos que están por primera vez lejos de casa, es decir, alumnos que vienen de provincia. Como yo :)
Apenas vi la convocatoria sabía que era lo que más iba a necesitar durante este periodo y no me equivoqué.
He descubierto algunas cosas sobre mí que no pude resolver ni con todo lo que yo creo conocer de mí misma.
El dique emocional
Durante la primera sesión hablé un poco sobre como me estaba yendo en clases, si tenía ya algunos amigos, un horario de clases, etc. Todo bien, respondí lo que había estado haciendo para organizarme, sobre los increíbles compañeros de clase que realmente han sido de muchísima ayuda y todo lo demás.
Luego, preguntó sobre algunos datos de mi familia que aparecían en la ficha de inscripción al programa. Y comencé a hablar sobre ellos. Papá, mamá, hermano.
Y, como viene pasando ya desde hace 4 años, al medio de todo mi discurso, comencé a llorar.
Hice lo que se ha vuelto una costumbre: asegurar a la otra persona que no me siento triste aunque no pueda parar de llorar. Y sigo así, llorando para poder seguir hablando y contando sinceramente sobre mis emociones, sobre mi familia, sobre mi hogar. Es una respuesta automática. Incluso ahora se me hace un nudo en la garganta.
La psicóloga que me acompaña escuchó todo lo que tenía que decir y concluyó en algo que, ahora que lo pienso, siempre estuvo en el fondo de mi mente.
Mi llanto son años de emociones reprimidas.
Están en un dique, llenas hasta el tope. Cualquier emoción puede hacerlas desbordar.
Y aún no estoy lista para ir más a fondo, pero estoy comenzando a dejarlas salir. Cuando se dé el caso.
Entonces, cada vez que tenga ganas de llorar inesperadamente por un pensamiento debo anotarlo. hasta el momento tengo esta lista:
- Nunca pensé que estando lejos de casa la extrañaría tanto.
- Mi papá y mamá ya van a poder vivir juntos.
Iré añadiendo más conforme avance.
Hasta la próxima.

Comentarios
Publicar un comentario